Ex Convento de Culhuacán, Historia Viva en Iztapalapa

  • 30 enero, 2019
Ex Convento de Culhuacán, Historia Viva en Iztapalapa

Estampas de la Ciudad de México…

* Mudo testigo de la historia en una de las zonas de influencia de la Gran Tenochtitlan

* Culhuacán, fundado en 670 D. C. sobre el lago místico, a faldas del Cerro de la Estrella

Por Arturo ROMERO SÁNCHEZ

Corresponsal/La Polaca Mich

CIUDAD DE MÉXICO.- Conocer la Ciudad de México es amarla.  Todos y cada uno de los rincones que nuestra ciudad encierra, son un escaparate a pequeñas partes de nuestra cultura, cultura que enriquece y enriquecerá por siempre a nuestro país, teniendo como uno de los principales centros a la Ciudad de México, que fue, no el primer asentamiento de los españoles que vinieron a tomar los territorios ignotos para la corona española, pero si el primer asentamiento a donde se regirían los principios de la incipiente colonización.

CULHUACÁN, AL PIE DEL CERRO DE LA ESTRELLA

Uno de estos lugares, dentro de nuestra actual Ciudad de México, fue Culhuacán, asentamiento, por demás, importante, fundado por los acolhuas, tribu proveniente del noroeste de nuestro país, en fecha aproximada del año 670 D.C; y que se establecieron al pie del Cerro de la Estrella, en la población que tomó el nombre (Culhuacán) del origen de la tribu y la terminación que significa lugar, dando como resultado al “lugar de los acolhuas” nombre de este asentamiento.

Primordialmente, los habitantes de este lugar, se dedicaban a la agricultura y a la pesca, pues, recordemos el valle de México se encontraba, en zonas en las que predominaban cinco lagos, los que en tiempos de lluvias, inundaban islotes de estas zonas, llegando a conformar un gran lado, que abarcaba desde las orillas de las partes planas de Xochimilco hasta llegar hasta los terrenos de Texcoco,  del lugar llamado Zumpango  y por el sureste hasta la zona conocida como Chalco, para lograr los cultivos en  las zonas anegadas por el agua.

La población indígena residente  hubo de recurrir a la siembra en “chinampas”, técnica que consistía en  crear islotes de forma artificial, haciendo un cerco de “chinamite” (que son las cañas secas de maíz), y poniendo una alfombra de tule, el cual proliferaba en la región, y posteriormente, era rellenado de tierra, formando algo así como una balsa flotante, en la que podían sembrar, y a la vez, rodeaban de árboles llamados “ahuejotes” que tienen gran resistencia al exceso de agua, y cuyas raíces buscan el fondo del líquido para establecerse, haciendo que esta pequeña isla, quedara fija en el espacio de su creación.

CONVENTO DE SAN JUAN EVANGELISTA

En este lugar, Culhuacán, entre los años de 1560 y 1570, se edificó el Convento de San Juan Evangelista, nacido, más que nada, con el afán de convertir a toda la población a la religión cristiana, fungiendo como centro evangelizador de la Colonia.

Después de algunos años, ante el abandono por parte de la iglesia, debido a los conflictos sociales que atravesó nuestro país, es hasta el año de 1995, que fue recuperado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, siendo remodelado y declarado como museo de sitio.

En el Ex convento de San Juan Evangelista, (como se conocía antes), actualmente se pueden observar cinco celdas, que antaño fueron los aposentos de los frailes, y que ahora resguardan trozos de la historia ahí se vivió, en una de esas celdas, se puede apreciar el ascetismo de la vida monacal, con todas sus carencias, un camastro rudimentario, una mesa, (que más bien parece un cajón), una vela, una biblia, y un cuadernillo eran todas las pertenencias terrenales que poseía cada monje; en otra de esas celdas, una exposición de fotografías del estado en que se encontraba el lugar, antes y después de la remodelación, mientras que en otras partes del recinto exhibe parte de los restos cerámicos hallados en la zona, y también se puede ver la historia de esta población y cuál era la alimentación de este asentamiento prehispánico.

CAÑONES DE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA

Gruesos muros de piedra, proporcionada por la explosión del volcán Xitle, dan cobijo a años y años de historia; y como testigos de la guerra de independencia, en algunos tiempos, llegaron a verse ahí, algunos cañones, los que el tiempo se ha encargado de convertirlos en fantasmas, se sabe de ellos, pero nadie los ha visto…

También se borra de la memoria la existencia del manantial que llegó a existir en el lugar, a donde la gente acudía a lavar su ropa y los hijos de las lavanderas, traviesos por vocación, a recorrer el lugar, entre carreras, gritos y brincos las instalaciones conventuales, no importando las caídas y rasguños en el juego.

Ya convertido en museo, ahora espera a los visitantes con sus instalaciones prontas a ser descubiertas una y otra vez, pues en cada visita, siempre se descubre algo nuevo, que no se habría observado en la pasada ocasión, en el claustro alto, una biblioteca, lista a entregar conocimiento a quien así lo requiera, y en los pasillos, lo que queda de antiguas pinturas murales realizadas bajo la técnica del fresco y el temple, que muestran a Jesús, entrando a Jerusalén y a la Adoración de los Reyes Magos, entre otras imágenes.

Actualmente, El Ex Convento de Culhuacán, como ahora se le conoce, es sitio de esparcimiento, abierto al público, con un estanque de agua en uno de sus patios, y que hace alusión al manantial que llego a existir, un teatro al aire libre, en donde se hacen presentaciones artísticas y culturales para la cantidad de visitantes que se reciben, sobre todo, los domingos y días festivos.

CONVERTIDO EN CENTRO CULTURAL

Se presentan grupos de danza, en todas sus expresiones, música, teatro, conferencias, y exposiciones temporales, para la recreación de los asistentes,  también se imparten cursos, de pintura, guitarra, danza, danzón, manualidades y otras, a las que, cualquier persona que lo desee puede tener acceso. También es importante resaltar que, a unos 200 metros de este sitio, se construyó lo que fue el primer molino de papel en América, aunque poco es el vestigio que se en la actualidad se puede observar.

Es verdad, que este sitio, tan cercano a los habitantes de esta ciudad, se encuentra tan lejano a la vez de ellos, pues por la poca difusión que se le da, es desconocida para muchos, a pesar de toda la importancia que el sitio tiene, ya que fue cuna de la cultura anterior a la llegada de los españoles.

Aquí se celebraba la fiesta del fuego nuevo, dador de vida, al que se le rendía culto, al que se ofrendaba para que la vida tuviera continuidad en el pueblo; cada 52 años, según su calendario, se recibía el descenso del fuego, que bajaba de los cielos a posarse en la cima del Huizachtécatl y la población originaria, debía acudir con sus galas, y hacer las ofrendas necesarias para que la vida de la humanidad pudiera continuar.

A usted, apreciado lector, le recomendamos no deje de conocer este lugar, y conocer parte del orgullo de ser mexicanos.

La entrada es libre, y los domingos puede disfrutar de las actividades culturales.

FOTOS: ARS